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Deja de quejarte – asume tu responsabilidad

Yo le enseño a mis hijos a distinguir a los ganadores de los llorones explicándoles que los ganadores:

  1. Tienen su vida bajo control
  2. No culpan a los demás ni a Dios
  3. Asumen su responsabilidad y así toman buenas decisiones, tienen un buena actitud y un estupendo comportamiento.

Gracias por llamar al Servicio al Cliente...A los 10 años o a los 30, en casa o en el trabajo, es lo mismo — sólo progresamos cuando nos responsabilizamos por todo en nuestra vida. A cada momento interpretamos eventos que ocurren a nuestro alrededor y vemos la oportunidad de ser responsables (y asumir el liderazgo) tomando las riendas o yéndonos por la tangente.

A veces estos sucesos son transgresiones poderosas: “¡Lo admito, el desastre fue por mi culpa!” Pero estos grandes eventos son escasos y lejanos. Son aún más interesantes las decisiones pequeñas, constantes, y momentáneas que se suman para convertirse en la base de nuestras profesiones y dar forma a nuestra vida. Al final del juego vemos claramente que somos los líderes que ponen las reglas, o los llorones que se dejan llevar por los eventos y las circunstancias.

En el nivel más básico, esto es lo que significa asumir la responsabilidad – si, como tu jefe, te pido que hagas algo quiero que:

  • lo escribas y lo recuerdes
  • comprendas qué es lo que te estoy pidiendo – que entiendas no sólo los detalles, sino todo en su conjunto
  • lo lleves a cabo – actúa como si tú fueras el jefe de este asunto y haz las cosas
  • registres y comuniques tus avances o falta de avances si no puedes terminar inmediatamente (sin esperar a que yo te lo pregunte)
  • obtengas retroalimentación

No culpo a otros por mis errores...¿Qué impide que una persona talentosa evite asumir su responsabilidad? ¡La culpa! Imagina esto – trabajas toda la noche en una presentación, o quizás semanas logrando un acuerdo complicado, sólo para que tu “momento de gloria” se esfume cuando el bocón del gerente te roba la idea.

Tu reacción puede incluir elementos como:

  • ¡Ese gerentillo siempre me hace perder el tiempo obligándome a tomar el camino equivocado para al final hacerme quedar mal!
  • ¡Esto es un ataque personal de su parte!
  • ¡Sus críticas son tan groseras!
  • ¡Soy una persona competente, con iniciativa, pero él me bloquea y quiere aplastarme!
  • ¡Él está equivocado!

Toma en cuenta que cada una de estas respuestas ha colocado la causa del problema lejos de su protagonista; por ejemplo, culpamos a alguien más. Pero hay otra opción – asumir la responsabilidad mediante respuestas como las siguientes:

  • ¡Fue una tontería avanzar tanto en este proyecto sin consultar periódicamente a los jefes para saber si no me estaba equivocando!
  • Me están atacando y estoy indefenso, ¿cómo fue que me metí en este lío?
  • ¿Por qué siento que las críticas son muy personales?
  • ¿Por qué razón él piensa tan diferente de mí, y quién tiene la razón?

Al revisar ambos tipos de respuesta, la culpa o la responsabilidad, considera las siguientes diferencias:

  1. La culpa no te permite mejorar. En cuanto culpamos a otros, eliminamos la necesidad que tenemos de cambiar; entonces transferimos la necesidad de trabajar y mejorar a alguien más.
  2. La culpa nos hace víctimas de nuestro entorno, en vez de maestros del universo.

La fortaleza no tiene nada que ver con que las cosas resulten fáciles – la verdadera fortaleza consiste en ser fuerte cuando te sientes débil. La fortaleza es lo que diferencia el trigo de la paja. Tal y como cuando se lanza una pelota de basquetbol, acertar cada vez es más difícil. Mejorar un 1% es fácil cuando se es joven e impulsivo, y se requiere cada vez una concentración mayor mientras se es mejor.

Es fácil reconocer la culpa cuando es obvia: ¡Cómo eres bruto! ¡No puedo creer que hiciste eso! ¡Todo es culpa tuya!

Y es menos obvio cuando dices: “Llegué tarde porque Joe no terminó a tiempo.” En cambio, una actitud responsable es decir: “No planee bien las cosas con mi equipo.”

Este ejemplo es aún más complicado: “Llegué tarde porque el vuelo se retrasó.” Pero siempre podemos tomar vuelos más temprano, así es que mejor intenta decir: “Necesito tener un poco más de tiempo para organizar mis horarios de viaje.”

En vez de decir, “Yupi todavía no nos manda el contrato,” explica: “Todavía no recibimos el contrato de parte de Yupi.” Observa cómo sutilmente la responsabilidad deja de ser de Yupi, (“esos irresponsables, ¿cuándo lo tendrán listo?”), y empieza a ser nuestra… ¿por qué no lo hemos recibido, y qué podemos hacer al respecto?

Esto es ser sutil: “No tuve suficiente tiempo.” En este caso estamos culpando al universo por ser así, por crear una dimensión temporal que no nos satisface. Qué berrinche tan infantil: ¡Es como culpar al agua por ser líquida! En vez de eso procura decir: “No organicé bien mi horario y por eso no tuve tiempo de terminar.”

Una lección extremadamente sutil y avanzada es – analízate. Tal vez has oído el dicho “con la misma vara que mides serás medido.” A menudo, al acusar o culpar a alguien, en sí estamos refiriéndonos a algo que nosotros mismos hacemos. Esta ley es tan misteriosa como la relación que existe entre la materia y la gravedad, pero hay una garantía: entre más observes a detalle; más verdadero se convierte esto. Hace mucho escuché que dijeron esto en la oficina:

Te pido disculpas por el estallido emocional… veo que es un tanto hipócrita de mi parte atacarte personalmente porque tu atacaste personalmente a los demás.

Cuando empieces a ver que tú tienes el control de todo, empezarás a entender que, en efecto, tú controlas todo.

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Eric Shannon


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